Violeta levanta la cortina de su negocio todos los días como si fuera un acto de resistencia, no sabe si ese día alguien va a volver a golpearla, desconoce si el vecino que la extorsiona va a aparecer otra vez.
Ella vive en Jiutepec, Morelos, y lleva dos años denunciando al hombre que, según su testimonio, se dedica al narcomenudeo, y constantemente la amenaza, le exige dinero, e incluso, la ha agredido físicamente. La última vez fue un golpe directo al rostro que le rompió la boca.
Los conflictos vecinales suelen comenzar con molestias: ruido, basura, invasión de espacios. Pero hay casos que cruzan otra línea, una mucho más peligrosa, donde ya no hay desacuerdo… hay delitos como la extorsión, amenazas o violencia física.
Ahí lo que queda es una persona enfrentándose a otra que sabe que puede hacer daño, y lo más grave no siempre es la agresión, sino la espera de una denuncia que no avanza.
Aunque el caso de Violeta no es un hecho aislado en el país, muchas de estas historias no alcanzan a convertirse en estadísticas visibles. Sin embargo, datos nacionales confirman el contexto en el que ocurren.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) del INEGI, la extorsión es uno de los delitos más frecuentes en México, y en muchos casos ocurre en entornos cercanos, donde la víctima conoce al agresor.
El problema es la impunidad que permite que se repita.
¿Qué hacer cuando el conflicto vecinal ya es violencia?
En casos como este, no basta con tratarlo como un problema de convivencia. Se trata de delitos que deben escalar a instancias más firmes. En México, la extorsión y las agresiones físicas deben denunciarse ante la Fiscalía estatal correspondiente. En Morelos, existe además la Unidad Especializada en Combate al Secuestro y Extorsión (UECS), que puede intervenir en este tipo de casos.
También es posible realizar denuncias anónimas a través del 089, especialmente cuando hay temor de represalias. Pero hay algo que suele marcar la diferencia y que muchas veces se deja de lado:
la visibilización.
Cuando los casos se hacen públicos, cuando se documentan y se sostienen, la presión institucional cambia. Este espacio nació para contar historias de vecinos que incomodan, que invaden, que desgastan. Historias donde el problema es el miedo.









