Con un papel pegado en un espacio común empiezan muchas cosas entre vecinos de un edificio, en este caso con algo aparentemente pequeño que en realidad ya viene cargado de hartazgo y de enojo contenido.
El mensaje iba dirigido a toda la comunidad, pero en realidad tenía una destinataria, la persona señalada, y reducida a insultos como “cerda”, “guarra”, “persona de mierda”. Todo escrito a mano, con la seguridad de quien ya no quiere dialogar, sino marcar territorio. Sin duda es una forma de violencia.
Porque cuando alguien decide pegar un mensaje así en un espacio común, ya no está resolviendo un problema, está haciendo pública una agresión y rompiendo el respeto. Y lo digo también desde ese lugar incómodo en el que muchas veces nos encontramos quienes vivimos en comunidad. Porque Tras el Muro nace del hartazgo. De vivir situaciones que empiezan pequeñas y se vuelven insoportables porque nadie sabe cómo detenerlas.
Aquí hay algo que importa… si hay un problema como el manejo de desechos, olores o cualquier afectación se tiene que atender. En la Ciudad de México existen reglas claras para la vida en condominio, para evitar que los conflictos se conviertan en ataques. La ley obliga a los vecinos a respetarse, a no afectar la dignidad de otros, a no generar condiciones que rompan la tranquilidad del espacio común.
Y también establece que los problemas se resuelven por vías institucionales, no pegando insultos en la pared.La Procuraduría Social existe para mediar, en este caso, la PAOT puede intervenir si hay afectaciones ambientales o sanitarias, también los juzgados cívicos están ahí cuando el conflicto ya cruzó la línea. No es perfecto, lo sabemos, pero es el camino.
Porque cuando decides resolver desde la humillación, lo único que logras es escalar, y lo peor es que ese tipo de acciones no se quedan entre dos personas. Se respiran en los pasillos y se sienten en la forma en la que los vecinos se miran o dejan de mirarse.
Después de eso, ya nadie vive igual.
Mira tras el muro
Lo cierto es que hay algo que este tipo de historias repite, esto es que los conflictos vecinales no explotan de la nada, es decir, se acumulan hasta que alguien ya no aguanta y en lugar de hablar, se agrede, porque es básico que nadie debería tener que leer un insulto pegado en su propia casa para entender que algo ya se rompió.










